Opinión / Columna
 
Hermilo Lopez-Bassols 
Morelos y la diplomacia insurgente (IV-VI)
El Sol de México
3 de septiembre de 2010

  Ala muerte de Hidalgo, Don José María Morelos tomó el liderazgo del movimiento de independencia y nombró a Mariano Tavares y David Faro para negociar con el Gobierno norteamericano, como comisionados suyos, para buscar apoyo y elementos que sirvieran a la causa de la libertad a cambio, da pena consignarlo, de la cesión de la provincia de Texas, dice Isidro Fabela, pero fueron interceptados por Ignacio López Rayón en La Piedad, en vista de la querella que este mantenía con Morelos respecto a la sucesión de la causa insurgente, otorgándoles aquél los grados de brigadier y coronel, títulos que a su regreso Morelos desconoció, por lo que despechados fueron hacia el sur dirigiéndose hacia Chilpancingo para iniciar una campaña en contra de la causa insurgente, motivo delicado que les llevó a que fueran apresados y degollados por los propios insurgentes. En 1812, fue nombrado por Ignacio López Rayón, representante frente al Congreso de Estados Unidos el coronel don Francisco Antonio Peredo con el fin de abrir las relaciones hacia alianzas políticas y comerciales; a Antonio Peredo no le fueron entregadas constancias únicamente para los Estados Unidos sino que también había la intención -y llevaba consigo una carta para el rey Cristóbal I de Haití- para que le informara la verdadera situación de México y no prestase su ayuda. Sin embargo, no llega a su destino pues antes de salir del país es fusilado por los propios insurgentes cuando intentaba llegar a la costa.

Posteriormente, Morelos y a iniciativa de Álvarez de Toledo, deciden nombrar una comitiva: plenipotenciario José Manuel de Herrera representando a la revolución ante Estados Unidos y su secretario, Cornelio Ortiz de Zárate y además Juan Nepomuceno Almonte, hijo de Morelos. Dicha comitiva sólo llegó a Nueva Orleáns, no obstante, Herrera consiguió armas y municiones al ponerse en contacto con los piratas en su travesía hacia los Estados Unidos, además de realizar campaña a favor de la causa insurgente. Para una nueva misión Morelos nombra a Juan Pablo Anaya para pedir ayuda a Estados Unidos, sin embargo no logra su cometido ya que estando allá, Anaya se da cuenta de que el presidente Madison ni si quiera permite que se haga campaña a favor de la causa insurgente. De igual forma Morelos nombró a Carlos María de Bustamante.

Los insurgentes voltearon también hacia el sur del continente, coincidiendo con el ideario del libertador venezolano Simón Bolívar, bajo el cual, los países latinoamericanos antes unidos por la dependencia colonial, ahora deseaban estarlo en la libertad. Es fundamental resaltar el principio de solidaridad latinoamericana enunciado por personajes como Tadeo Ortiz de Ayala, nacido en Guadalajara, estudioso del latín y de la filosofía, quien estando en España se enteró del movimiento de independencia y escribió tanto a Morelos como a López Rayón sobre la convulsionada situación europea y las posturas a favor de la independencia de las naciones de América y al negársele el permiso de volver, tuvo que salir clandestinamente de España por la frontera de Portugal, habiendo embarcado hacia Estados Unidos, donde hizo importantes amistades tanto en Filadelfia como en Nueva Orleáns y desde ahí es enviado a las Provincias Unidas de Sudamérica por Ignacio López Rayón. Tadeo Ortiz afirmaba: O bien toda la América es libre, o bien todos los males se prolongarán por mucho tiempo. Visionario, Ortiz también señalaba que era necesario organizar una confederación hispanoamericana que fomentara el intercambio mercantil, pues de haber una alianza natural, íntima y permanente entre los pueblos es la que se debe formar entre la América del Sur y México, nos dice Bernardo Sepúlveda en su Prólogo de la "Política Exterior de México", SRE, 1985.

Concluyendo, es necesario para un análisis de la política exterior del México Independiente, evocar el pensamiento de don Miguel Hidalgo y José María Morelos, iniciadores del movimiento insurgente. Con ellos, la diplomacia mexicana de los primeros años habría de enriquecerse. La gestión diplomática de Hidalgo no fue del todo inútil, aunque sus esfuerzos hubieran resultado, por lo pronto fútiles. Los dos propósitos fundamentales eran: auxilio externo y reconocimiento por parte de los demás países, ambos indispensables para el éxito de su lucha. A corto plazo, la petición de ayuda iría dirigida, sin descartar a Estados Unidos, a los países hermanos del sur, porque sin el apoyo de los países comprometidos en la misma lucha todo lo demás resultaría estéril.

Continuará...
 
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